Llueve

El viernes era el gran día, por fin la presentación de mi novela, en casa, con la gente de siempre. El día anterior fue un día caótico como casi todos los míos llegué a casa tardísimo con el tiempo justo para ir a pegar unos carteles para promocionar “el evento” como llamaba a la presentación cuando hablaba con mi hijo. Cuando terminé de preparar la cena y recoger la cocina llegó el drama y a lo grande ¿qué me pongo? vacié el armario mientras iba descartando prendas; faldas, vestidos, blusas y zapatos campaban a sus anchas por la habitación como si hubiera pasado un huracán, ahora sé por qué casi todos tienen nombre de mujer. Fotos con el modelo elegido y cruce de mensajes con mi amiga M. ese no, ese descartado, ese ni pensarlo, ese no está mal, ese puede ser, ese sí. Foto a mi amiga J. con ese puede ser y ese sí. Nos quedamos con esos dos posibles looks y me dediqué a preparar las dedicatorias para las personas que me habían dicho que iban a venir, quería ponerles algo personal a cada uno y me dieron las dos de la mañana dándole vueltas a las letras. Y el gran día amaneció gris y las nubes amenazaban lluvia, lluvia que empezó a caer por la mañana y no paró en todo el día. Preocuparme por eso era algo absurdo porque no podía hacer nada, así que lo aparqué en un rincón de mi mente y me dediqué a preocuparme por otras cosas. Sin embargo una voz en mi interior se empeñaba en repetir todo el tiempo llueve, llueve ,llueve, como una cantinela que no podía silenciar. De camino al trabajo con mi amiga T. hice un repaso de lo que sería la presentación y de quién vendría sí o sí, quién a lo mejor y quién no.

No iba a ser capaz de hablar en público sin morir en el intento, busqué como una loca las pastillas que tomaba cuando tenía que hacer el examen práctico del carné de conducir, vacié el contenido de los bolsos encima de la mesa hasta dar con ellas, me metí una en la boca y le pedí a los dioses que me ayudaran para que todo saliera bien. Las seis y en la sala éramos muy pocos, maldita lluvia pensaba yo, la editora dijo que esperaríamos cinco minutos y que era normal que hubiera poca gente con el día que hacía, entonces en  esos cinco minutos sucedió el milagro. Las sillas se fueron llenando y me sentí tan emocionada que cada vez que entraba alguien corría a darle un abrazo. No sé abrazar, no sé, solo estoy cómoda cuando abrazo a mi hijo, las otras veces estoy tiesa como un palo y deseando deshacerme de los brazos que me rodean. Sin embargo esta vez era yo la que apretaba a la gente como si quisiera meterla dentro de mí para que estuviera siempre conmigo.

“El evento” empezó con una introducción de mi editora que me llegó al alma, me describió a la perfección en muy pocas palabras, los que me conocen y los que han leído mis escritos saben que soy mucho de llorar, así que cuando contesté la primera pregunta algo se removió en mi interior y la tensión acumulada salió en forma de lágrimas. Por suerte duró solo un instante, el resto de la tarde transcurrió entre risas, me abrí como si estuviera con mis amigos, los de siempre y dejé aparcada mi timidez para dar paso a la mujer divertida que soy cuando estoy a gusto. Fue una tarde muy emotiva donde descubrí que hay mucha gente que me quiere, mucha más de la que yo pensaba.

La palabra que más he repetido estos días ha sido gracias, por acompañarme en estos momentos tan especiales para mí, por comprar la novela, por leerla tan rápido y hacerme unas valoraciones tan positivas, por la promoción que han hecho de ella, por quererme… Yo soy mucho de dar, me doy mucho a la gente, y aunque en algunos de los libros de autoayuda que leí en mi época triste dice que hay que pensar primero en uno mismo y que si no esperas nada de nadie no te decepcionarás no lo pongo en práctica, como no puse nada de lo que leí. Dar es una forma de sentirte bien y la mayoría de las veces las personas te responden cuando lo necesitas lo he comprobado en primera persona. Yo quiero a mi manera y para mí una forma de querer es inundar de tuppers la nevera de alguien cuando está enfermo o cuando sabes que está pasando una mala época económica, querer es quitarme un vestido para regalarlo y venirme a casa con el abrigo y nada más debajo que la ropa interior porque a la persona que se lo regalé  me dijo que le gustaba mucho, querer es escuchar mil veces lo que te explica alguien que necesita que lo escuchen aunque tu mente y tu alma ese día estén a miles de kilómetros, querer es cambiar el pescado por pollo cuando ves a un niño llorar porque no quiere quedarse al comedor del cole, querer es dar las llaves de tu casa a alguien para que utilice una habitación como cabina de estética para ganar un dinero extra porque no tiene para pagar la hipoteca…

Todo ese cariño me lo han devuelto multiplicado por cien y puedo decir que soy afortunada. Los Dioses no deben quererme mucho porque mis súplicas para que dejara de llover no sirvieron de nada, sin embargo hay unos cuantos mortales que sí lo hacen y me lo han demostrado con creces, primero en la época más dura de mi vida durante mi depresión y ahora en uno de los momentos más felices. Hace unos días hablando con una compañera le dije que iba a ir a ver a otra que no está pasando por un buen momento y me dijo que a lo mejor no quería que fueran a verla. Desde aquí quiero decir que yo sí quiero, que estéis siempre conmigo, en lo bueno, en lo regular y en lo malo, que vengáis a verme cuando esté enferma, que no me dejéis sola cuando tenga que despedir a un ser querido y que el día que me vaya de este mundo (que ojalá sea muy tarde porque no puede ser que tanto talento desaparezca tan pronto) la sala se quede pequeña, aunque llueva a mares como lo hizo el día de la presentación. Porque nada me gustaría más que ver, desde donde quiera que sea que van las almas cuando cruzamos la línea de la vida, a mi hijo orgulloso de ver como querían a su madre.

 

5 comentarios en “Llueve

  1. Juana Fernandez Ruiz dijo:

    Pilar, lloré de emoción el viernes y lo he vuelto a hacer ahora. Estuviste fantástica , nos hiciste llorar y también reír. La lluvia no puede evitar que las personas que te queremos fuéramos a verte. Cómo no íbamos a ir las personas que te conocemos ? Besos.

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      • Laura dijo:

        Querida Pili simplemente …me encantó . Tuve un montón de sentimientos llanto, risas,nervios….
        Volvería a estar allí aunque nevara porque eres especial,buena persona, valiente lo das todo sin pedir nada a cambio,matas por tus amigos o compañeros y sobretodo eres alegría .
        Sin ti no sería lo mismo , porque te quiero un montón , me alegro de que tu sueño se haya cumplido.
        Ahora a por más!!!

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  2. carmemoll dijo:

    Solo una enfermedad ha podido impedir estar a tu lado este día, eres una persona que en muy poco tiempo estás consiguiendo grandes cosas y yo he podido ir viviendo estos logros día a día, solo puedo decir que me llena de orgullo y alegría poder haber estado todo este tiempo contigo y espero estar muchísimo más y te aseguro que por muchos rayos y truenos que caigan siempre será un gran placer estar y compartirlo contigo

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