Sí quiero

Le doy vueltas al anillo que llevo en la mano en un gesto instintivo y me lo quito porque me da la sensación de que me quema. En realidad si miro a mi alrededor todo lo que veo me estorba y esta casa me parece una jaula de oro como la del cuento. Eso ha sido hoy, ayer no tenía esa sensación, pero a veces el destino nos da una bofetada para que despertemos. Esta mañana he visto a Miguel, iba con una mujer y dos niños, él no me ha visto y he hecho una cosa ridícula. Los he seguido durante un rato hasta que los vi entrar en un portal, entonces me senté en un banco que había enfrente a esperar no sé el qué. Cuando vi salir a la mujer que lo acompañaba entré y busqué su nombre en el buzón, repasé las letras de su nombre con el dedo en la placa dorada, Miguel, cuantos años sin saber nada de él. Subí por la escalera hasta el primer piso y sin pensar piqué al timbre. Uno de los niños que iban con él abrió la puerta y gritó mirando hacia dentro <<papááááá una señora>> enseguida apareció en el pasillo, llevaba un paño de cocina en una mano y una fuente de cristal en la otra. El niño desapareció dentro de la casa antes de que su padre llegara hasta la puerta donde estaba yo, lo vi acercarse y mirarme con curiosidad hasta que su semblante cambió de la curiosidad a la sorpresa.

<<Eva, ¿en serio eres tú? No me lo puedo creer, pasa por favor>> me dijo sonriendo después de darme un abrazo como si no hiciera mil años que no sabíamos nada el uno del otro y como si la última vez que nos vimos no me hubiera dicho que le había roto el corazón. Me presentó a sus hijos que enseguida perdieron el interés en mí para seguir con lo que estaban haciendo. Mientras fue a la cocina a buscar unos refrescos curioseé a mi alrededor y observé que los muebles se veían antiguos, el piso no parecía muy grande desde luego nada que ver con el dúplex en el que vivo yo. Volvió con una lata para cada uno y nos sentamos en el sofá que estaba hundido, me preguntó cómo lo había encontrado y le dije que lo había visto entrar en el portal y que después de hacer unas gestiones volví para saludarlo. No le dije que había estado en la calle esperando y que decidí subir cuando supe que su mujer no estaba. Hablamos de cómo nos había ido la vida y me dio vergüenza decirle el barrio en el que vivía, uno de los mejores de la ciudad, y que no trabajaba porque no lo necesitaba económicamente. Me sentí una mantenida. Porque no es malo no trabajar si tu pareja gana lo suficiente para vivir holgadamente, lo malo es estar con esa persona por seguir manteniendo ese ritmo de vida a pesar de no sentir nada por él. No nos dio mucho tiempo a hablar más porque su mujer llegó enseguida y aunque insistió en que me quedara a comer con ellos porque a Miguel le haría ilusión el haberse reencontrado con una amiga del pasado no lo hice. Estaba deseando salir de ese piso donde se respiraba amor y felicidad, me parecía estar viendo una película de esas en las que los protagonistas son felices a pesar de todas las cosas que les pasan. Me despedí y prometimos volver a vernos para ponernos al día, aunque los dos sabíamos que eso no iba a suceder.

Ahora no hago más que pensar en que todo lo que veo a mi alrededor no me sirve para nada. Las lámparas de cristal, las vajillas pintadas a mano que cuestan un dineral y todas las cosas que hay en esta casa y lo peor de todo es por qué tengo todo esto. Si fuera una prostituta me pagarían por los servicios prestados, pues lo que hago con el que será mi marido es lo mismo porque cuando hacemos el amor cierro los ojos y me evado mientras pienso en lo que me voy a poner al día siguiente y en que tengo que pedir hora para retocarme las uñas. ¿Hubiera sido más feliz con Miguel? Seguramente, a pesar del sofá hundido y del tapizado desgastado y maldigo la mala hora en que me lo encontré esta mañana. Me siento sucia y sé que no voy a ser capaz de quitarme esta sensación de encima. Intento recomponerme cuando oigo que se abre la puerta, es Andrés, el que mantiene todo esto sin saber que la mujer con la que comparte su vida no está enamorada de él y a la que ahora mismo le gustaría estar en cualquier otro sitio. Sin embargo me quedo sentada en el sofá y dejo que me bese en los labios antes de sentarse a mi lado, huele a sudor y en la camisa se aprecia un cerco debajo de las axilas. Lo oigo hablar de cosas que no me importan haciendo ver que lo que me cuenta es lo más interesante que he escuchado nunca y decido olvidarme de Miguel y de su familia perfecta, de lo que pudo haber sido y no fue y seguir con la comedia de mi vida.

Mañana me caso con el hombre que está sentado a mi lado, un mero trámite para formalizar la relación, una boda que ahora me parece hecha a destiempo porque cuando le dé el sí quiero pensaré en si verdaderamente quiero o no y mi corazón me gritará que salga corriendo porque todavía estoy a tiempo. Cuando me quedo sola porque se va a la ducha cojo el móvil y busco en el diccionario el significado de la palabra prostituta, <<persona que mantiene relaciones sexuales a cambio de dinero>>, eso dice el diccionario, y siento asco de mí, asco y pena porque lo único que tengo son cosas materiales y envidio en silencio a la mujer que conocí esta mañana porque podría haber sido yo.

 

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