Septiembre

Ayer mi editora me envió un whatsaap en el que me decía Felicidades! y una foto que no terminaba de cargar, aunque yo de fondo veía que era la portada de mi novela. Pensé que se había equivocado porque el lunes es mi cumpleaños, pero enseguida pensé que ella no podía saberlo. Cuando se terminó de cargar la foto seguía sin entender nada hasta que me fijé bien y arriba a la derecha vi un círculo donde ponía segunda edición. Me puse a llorar y me abracé a mis compañeras y pensé que desde hace unas semanas lloro casi todos los días. Por suerte casi todas las veces son lágrimas de felicidad, estoy tan feliz que las pequeñas cosas que todavía no están resueltas no me importan lo más mínimo. La vida te enseña lo que es importante y lo que no. Cuántas cosas he aprendido con las cosas que me han pasado. Hubo una temporada en la que me dio por leer libros de autoayuda, no sabía lo que me pasaba, pero no estaba bien, o sí lo sabía y no lo quería ver. No aprendí nada de ellos porque cuando no estás bien poner en práctica esas cosas es misión imposible. Además como leo tanto se mezclaban las ideas en mi cabeza y ponía en práctica cosas totalmente contradictorias y disparatadas. Uno de ellos te hacía repetir durante todo el día lo que querías conseguir y se suponía que el universo te lo concedía. En esa época yo ya quería volar porque estaba estancada y me sentía encerrada en una jaula, pero económicamente era imposible. Entonces empecé a pedirle al universo que me buscara un trabajo de más horas para así poder comprar una lima para cortar los barrotes de la jaula. Andaba como loca de un lado a otro repitiendo lo que quería como un mantra sin concentrarme en nada más hasta que terminaba con dolor de cabeza. El universo me hizo caso y mi jefa me llamó mientras estaba en la playa para ofrecerme una jornada de ocho horas, pasaría de estar tres horas de auxiliar de cocina a cocinera a tiempo completo. Agradecí al universo que me concediera el deseo como decía el libro y durante el verano hice planes en secreto mientras daba gracias todo el tiempo.

Cuando llegó septiembre resultó que mi jefa se había olvidado de decirme que el trabajo sería de tres a once de la noche porque era una residencia universitaria y que la jefa de cocina sería peor que la madrasta de Blancanieves. Maldije al universo, al libro y a quien lo había escrito. Recuerdo los tres meses que pasé allí con verdadero pavor. Si el infierno existe debe ser algo parecido a lo que viví durante esos meses. Tuve que cambiar los planes porque salí huyendo de allí para volver a mi pica, a fregar bandejas a mano porque no cabían en el lavavajillas para después salir corriendo a hacer masajes a un centro de estética en la zona alta. Llegaba a casa agotada por las noches y cuando veía el libro en la estantería sentía deseos de tirarlo por el balcón.

De esa época aprendí que hay que tener cuidado con lo que deseas porque a veces se cumple, que el miedo limita porque una vez que volé lo hice tan alto que hay días en los que me cuesta respirar, que la vida casi siempre te da opciones y que tú eliges el camino y que ante la misma situación hay personas que se crecen y hay quien va cuesta abajo y sin frenos. Aprendes a base de tropezar y de caerte y no de leer ese tipo de libros, al menos a mí no me sirvieron para nada. También hay quien no aprende y repite la lección mil veces para volver a suspender y le vuelve a quedar para septiembre. Yo por suerte, ahora, en junio termino el curso aprobada y con nota así que durante el verano no tengo necesidad de andar suplicando al universo lo que quiero conseguir porque las cosas suceden o no, aunque yo pongo mucho empeño en que sucedan. Los otros esos que tienen que estudiar para septiembre tienen edad de sobra para haber aprendido, si no lo han hecho peor para ellos.

Estoy convencida de que las cosas pasan por algo y lo que al principio nos parece un drama después es una oportunidad, de que a veces para apreciar la luz has tenido que vivir en la oscuridad y de que detrás del miedo hay todo un mundo por descubrir, casi siempre mucho mejor que el que había al otro lado. Ahora al universo no le pido nada, tengo más de lo que hubiera imaginado nunca y no me refiero a lo material en eso he salido perdiendo, aunque a veces perder es ganar. He ganado en tranquilidad, siento una paz interior que antes no tenía, en ganas porque ahora tengo muchas, de todo, y en sabiduría porque ahora soy una mujer mucho más sabia, me volveré a equivocar estoy segura, me caeré otra vez porque me conozco y el corazón manda mucho más en mí que la cabeza, pero lo que no haré será repetir y repetir la lección para después cuando la vida reparta las notas me diga suspendida, próxima oportunidad septiembre. Septiembre está para otras cosas, para pasear sus tardes que empiezan a ser más cortas, para aprovechar los últimos coletazos del verano, para sacar una chaqueta del armario y echártela por los hombros mientras estás sentado en una terraza con las personas a las que quieres, se me ocurren montones de cosas para hacer en septiembre así que mucho mejor llegar con la lección aprobada. Siento lástima de algunas personas que no han sabido sacar ningún aprendizaje de lo que les ha sucedido y que en lugar de salir fortalecidos van para atrás como los cangrejos y están al borde del abismo.

Felicidades! me escribió mi editora por la segunda edición de Los abrazos robados y desde aquí quiero dar las gracias a todas las personas que lo han hecho posible. Personas generosas y entregadas que se han portado de maravilla, algunas sin conocerme siquiera. Gracias de corazón y ojalá este sueño siga creciendo y pueda compartirlo con todos vosotros.

 

 

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2 comentarios en “Septiembre

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