La soledad

Cuando veo a Bradley Cooper besar a Emma Stone siento una envidia nada sana y lloro al ver el final a pesar de que ya había visto la película. Ya no puedo correr a buscar el móvil para abrir una de las apps que tenía donde se suponía que iba a encontrar al hombre de mi vida, el que me quitaría las penas y me arrancaría la soledad del alma, cosa difícil porque cuando contestaba por educación, casi siempre para decir que no porque la cosa está fatal, me llamaban vieja o puta y casi prefería que me dijeran lo segundo. Me di de baja porque me resultaban decepcionantes. Ayer tuve un día raro de esos de los que desde que te levantas piensas que hay algo que no anda del todo bien. Como buena supersticiosa veía señales por todos los sitios que me indicaban que algo estaba a punto de ocurrir. Al final ocurrió, aunque nada que no esperara y que no tenga solución. Aunque ahora las penas me duran lo imprescindible, entre poco y casi nada, sigo con el regusto de lo que pasó y al recordar la película pienso que no estaría mal encontrar a un candidato que ocupe un trocito de mi corazón y decido entrar de nuevo en una de las apps que tenía instaladas.

Tengo un montón de sobrecitos en la pantalla que indican que me han dejado mensajes y me ilusiono y pienso que hoy sí, imposible no encontrar a un candidato entre tanto pretendiente. Descarto los perfiles de hombres de menos de treinta y tantos, ni los leo, aunque a mi edad  sigo siendo una  ingenua no llego a ese nivel de tontuna en el que me creo que un guapo de escaparate con más músculos que el increíble Hulk quiera tener algo serio conmigo. Descarto también a los perfiles con fotos donde se ve de fondo la taza del váter abierta, decido eliminar también a los que la tienen cerrada, el baño no me parece el mejor sitio para posar. Sin abrirlos siquiera borro los que no tienen foto, la experiencia me ha enseñado que la mayoría de las veces están casados. La búsqueda no puede ser más decepcionante. Después de leer un montón de mensajes, tan poco originales como llenos de faltas de ortografía, pienso en que no encontraré a nadie y mi destino será estar sola para siempre.

Aunque mis amigas me dicen que tengo el listón muy alto y debo bajar el filtro elimino también a Osito mimoso, Sensual love, Vikingo sesenta y nueve, Bombero malo y Señor intenso. Los mensajes van menguando y empiezo a estar un poco desesperada. ¿Por qué habré visto esa película otra vez? ¿Dónde está ese hombre de manos grandes y espalda ancha que me abrazará cuando esté un poco baja de moral? ¿Encontraré a un compañero de viaje que me desbarate el alma y deshaga el otro lado de mi cama?

En plena crisis amorosa suena mi teléfono, es G. la que encontró pareja hace cuatro meses y que al principio andaba flotando por las nubes y ahora está agobiada porque le molesta todo de su amigo especial. Bosteza como si fuera un hipopótamo, da mucho calor y parece una estufa, se limpia los oídos cuando sale de la ducha y eso a ella le baja la libido, le duele siempre la cabeza, sospecha que él sigue hablando con su ex, no ha querido celebrar su cumpleaños con ella y se fue a comer con su familia, me dice todo esto enfadada cuando se supone que debería estar encantada de tener una relación cuando era lo que más deseaba. Después de ponerme la bata blanca de licenciada en consejos amorosos le digo que ese hombre no le conviene, que ella no es la misma de antes, se la ve agobiada y alicaída, qué necesidad de estar con alguien si no te llena, no les une nada. No tienen hijos, ni cuentas en común o un piso del que nadie se quiere ir. No me explico por qué sigue con él si cuando se acerca el fin de semana empieza a hiperventilar solo de pensar que tienen que estar dos días juntos.

<<No quiero volver a estar sola nunca más>> su confesión me da pena y me pilla por sorpresa, somos amigas de veraneo, coincidimos en la playa los dos meses de vacaciones y después tenemos contacto telefónico y nada más, no sabía que durante el invierno no tiene a nadie, en sentido literal. Le digo que no hay peor soledad que la que se siente estando rodeada de gente, eso me parece mucho más triste que estar físicamente sola. Yo también echo en falta muchas cosas. Dormir abrazada a alguien, un desayuno en compañía, un viaje relámpago donde el sitio sea lo que menos importe, los mensajes tontos del principio de una relación que te alegran el día, una película donde lo que menos importe sea el argumento y sí el verla juntos, las confidencias del final del día, descolgar el teléfono y hablar durante un buen rato y al colgar tener la sensación de que te quedan mil cosas por decir…

A pesar de la soledad sé que no estaré con otra persona únicamente por estar acompañada, eso es mucho peor que no tener pareja y sé de lo que hablo. A mis cuarenta y nueve sigo esperando a alguien que me acompañe y que camine a mi lado y no un metro por delante, alguien que me diga que me quiere y que soy una de las mejores cosas que le han pasado, que me revolucione la vida y que el simple hecho de pensar en él me haga feliz. No quiero estar con un hombre por el que sienta a medias, prefiero estar sola. Sé que esas cosas no son eternas, todo se acaba y si no se acaba sí que mengua la intensidad, pero me resisto a pensar que no volveré a vivir la magia de los primeros momentos de una relación y eso si no estás enamorado es imposible. Quizá la culpa sea de esas películas románticas que nos venden esa clase de amor o quizá sea que ya lo viví una vez y me quedé con ganas de más.

El amor no tiene edad así que no pierdo la esperanza, le digo a G. que no puedo aconsejarla, que se olvide de todo lo que le he dicho y que escuche a su corazón. Ella sabe de sobra lo que le conviene para ser feliz, otra cosa es que no sepa cómo gestionar sus sentimientos. Mañana veré otra película de esas que tanto me gustan y volveré a llorar y me preguntaré si el destino pondrá a alguien en mi camino para hacer el viaje juntos, G. me llamará otra vez para criticar a su novio y le daré consejos que probablemente yo no seguiría. Pienso en por qué perseguimos algo y cuando lo tenemos no somos capaces de disfrutarlo como le ha pasado a ella. ¿Es eso la vida? ¿Perseguir algo y después darnos cuenta que seguimos siendo igual de infelices que antes de tenerlo? O quizá es que ella no ha alcanzado lo que quería y se ha quedado a mitad del camino con algo parecido a lo que pretendía encontrar. Si he sacado algo en claro de lo que me cuenta es que a pesar de estar acompañada sigue estando sola.

Todavía no sé qué es lo que quiero, porque ahora disfruto de mi soledad y me da una pereza tremenda pensar en tener que amoldarme a otra persona, aunque a ratos esta soledad pesa un poco más de la cuenta, lo que sí sé es lo que NO quiero. Si llega el amor bienvenido sea, pero tiene que ser en mayúsculas a lo grande, no me voy a conformar con un sucedáneo porque eso no me compensa. Que puede ser que el amor no dure para siempre, que la pasión se acabe, que la rutina mate todo lo que se le ponga por delante, que no hay finales felices y que a veces hay que renunciar a algunas cosas porque no se puede tener todo. Puede ser, pero yo no me doy por vencida, no busco, pero espero, a que la vida me sorprenda, a que me regale una segunda oportunidad en el amor, paciente, sin prisa, pero espero. Hay quien pensará que soy una ilusa y que los príncipes azules no existen. Me da igual. Seguiré esperando, porque sé que en algún lugar debe haber alguien que aunque no sea perfecto sí lo será para mí.

 

 

 

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