Recuérdame

Salgo del hospital y camino sin saber a dónde ir. No quiero ir a casa, no podré esconder el miedo. Cojo un taxi y le pido que me lleve al cementerio, el conductor intenta entablar conversación conmigo y yo no contesto por lo que desiste. En el trayecto pienso en porqué ahora no funcionó el tratamiento. Entro y busco un banco a la sombra para sentarme, conozco este sitio vine aquí casi cada día la otra vez, aquí podía llorar sin que nadie me viera porque casi nunca hay nadie y pienso en lo solos que deben sentirse los difuntos. Qué tontería, los muertos no deben sentir nada. Morirse debe ser como estar dormido pero sin soñar, hasta eso se lleva la parca.

Hoy no lloro. No me salen las lágrimas es como si se me hubieran quedado atascadas. Estoy asustada, no me quiero morir, pero he visto la palabra muerte escrita en la cara del médico, en mayúsculas. Me quito el pañuelo de la cabeza porque me pica a causa del calor y aquí no me da vergüenza, no creo que los muertos tengan mucho mejor aspecto que yo. Estoy cansada, las sesiones de quimio me dejan agotada. Me da la sensación de que huelo a enfermedad por eso me restriego la piel en la ducha hasta dejarla irritada. Cierro los ojos y miro al cielo para que el sol me inunde de vida, esa que escapa de mi cuerpo a pasos agigantados. Suena el móvil y lo ignoro, no quiero hablar con nadie. Saco una libreta donde anoto cosas para que las lea mi hija cuando sea mayor. Quiero que sepa como era su madre, es muy pequeña y no me recordará cuando yo no esté. No escribo nada que pueda hacerle daño, eso lo escribo en otro cuaderno, solo cosas bonitas. Consejos de madre que no podré darle.

Mi querida Lucía, como me hubiera gustado que no tuvieras que leer esto, eso significaría que seguiría  a tu lado. Me gustaría decirte tantas cosas que no sé por dónde empezar. Aunque no esté a tu lado físicamente estaré desde donde sea que van las madres cuando se van, apoyándote y guiándote. Lo notarás, ya me encargaré yo de eso. Cuando tengas necesidad de mí cierra los ojos y piénsame, acudiré corriendo o volando porque a lo mejor en el cielo de las madres te dan unas alas para moverte más de prisa. La vida a veces es perversa, te pondrá zancadillas para hacerte caer una y mil veces, la gracia está en levantarse para seguir caminando. No querría por nada del mundo que te quedaras estancada en una existencia gris y monótona donde la rutina fuera la protagonista, tienes que vivir apasionadamente lo mismo que tienes que querer. A las personas que quieres díselo todo el tiempo, que no te dé vergüenza. No vivas de manera tibia, entrégate en todo lo que hagas y sobre todo en el amor, aunque te rompan el corazón mil veces. Arriésgate, intenta lo imposible, lucha y resiste ya verás que alguna vez no saldrá bien, pero otras sí. Y cuando venga la tristeza a visitarte, porque vendrá créeme, échala a patadas. No seas una mujer triste y mucho menos te conviertas en una amargada porque entonces vendré con alas o sin ellas desde donde quiera que esté y te gritaré bien fuerte para que despiertes. Rodéate de gente auténtica, de la de verdad, esa que a veces te dice cosas que no quieres escuchar y huye de las mansas porque cuando se revuelven son peligrosas.Vive la vida que quieras vivir y no la que decidan los demás. Haz que las otras madres sientan envidia de mí por lo orgullosa que me sentiré de ver en la mujer en la que te has convertido. Sé valiente, en todo. No me gustan los cobardes, no los soporto. Y sobre todo RECUÉRDAME, porque lo único que me da más miedo que morirme es que nadie me recuerde después. Mi abuela decía que las estrellas son las almas de las personas que se han ido, las que más brillan lo hacen porque hay muchas personas que se acuerdan de ellas. Las otras, las que se van apagando lo hacen porque no hay nadie que piense en ellas. No dejes que mi estrella se apague.

Guardo el cuaderno en el bolso y meto también el pañuelo, no me importa que la gente me mire la cabeza, hoy no, porque saber que te vas a morir hace que dejen de importarte cosas como esas. Tampoco me importa saber que mi marido me engaña porque le repugna ver mi cuerpo mutilado, lo entiendo. Me gustaría hablar con esa mujer por si es ella la que criará a mi hija. Salgo del cementerio y cojo un ramo de flores de una tumba. Al llegar a casa las pongo en agua, al rato las tiro porque me huelen a muerto. Abro las ventanas para ventilar la casa y dejo caer las pelucas a la basura con las flores. Saco unas fotos de cuando no estaba enferma y las pego en el cuaderno que escribo para Lucía. Elijo las que reflejan a la mujer feliz que era. No me encuentro bien, me tumbo en el sofá porque no quiero que ella me vea en la cama cuando vuelva, no quiero que piense que estoy enferma. Aunque mi brazo parezca a punto de explotar a causa de la hinchazón y mi cabeza tenga el aspecto de un melocotón.

Me despierta el olor a incienso y a flores. ¿Dónde estoy? Me quedé dormida en el sofá y ahora estoy en un sitio que no reconozco. Debo estar soñando. ¿Es una sala de conferencias? Hay muchas sillas y al fondo un escenario. Camino despacio por el pasillo intentando no hacer ruido y mirando al suelo como si así fuera un poco más invisible, no quiero que me llamen la atención. Suena música. Mi canción preferida. El hombre que da la conferencia se hace a un lado para dejar paso a un ataúd. Creo que estoy en un teatro. Me siento en una silla vacía y un nuevo personaje sale a escena. Rubén. No puede ser. ¿Qué haces aquí? ¿Y yo? ¿Acaso he perdido la memoria? Te pones delante de un atril, sacas una hoja y empiezas a leer.

Estoy muerta. Es eso. Hablas de mí. Te escucho y si no estuviera muerta me mataría la pena de ver que tienes que leer un papel para hablar de mí, nada de lo que dices me representa y tengo ganas de llorar, no me conocías para nada y lo que escucho describe a una mujer que no soy yo. Hablas de mí como si lo hicieras de una extraña. Miro alrededor y veo caras conocidas. Lucía. Mi corazón da un brinco si es que eso es posible cuando este ha dejado de latir. ¿Por qué te han vestido de negro? ¿y quién es esa mujer que está a tu lado y te coge la mano? Es ella. Me levanto y le grito que te suelte <<ella no es tu niña, es mi niña>> grito aunque no debe escucharme porque no se inmuta. Acerco mi mano a la suya para separarla de ti y pienso que me ha escuchado porque te suelta y se abraza como si sintiera frío. Subo al escenario de nuevo y miro dentro de la caja. ¿Por qué me han puesto  esos pendientes y ese collar? No son míos ¿y por qué me han pintado los labios? Yo nunca me los pinto. Quiero gritar que esa no soy yo, que me quiten esas joyas y me laven la cara. ¿Es esto lo que pasa cuando te mueres? ¿Hacerte mil preguntas porque no entiendes nada?

Ahora estamos en el cementerio y odio a quien quiera que haya decidido que mi hija tiene que estar aquí. Me pongo delante de ella y le tapo los oídos no quiero que escuche el sonido de la caja arrastrándose al entrar en el nicho. Entonces ella pone sus manos encima de las mías y cierra los ojos para no ver. Le beso el pelo y la cara mientras le digo que la quiero y sé que sabe que estoy aquí con ella porque sonríe y estira su mano hacia mi boca para repasar la línea de mis labios como hacía cuando era un bebé para poder dormirse.

—Mamá.

—Dime corazón —la mujer de negro se agacha para quedar a su altura.

—No te digo a ti —contesta y la mujer no dice nada aunque un  gesto de fastidio asoma a su cara.

Unas mujeres vienen a buscarme, me separan de ti y me resisto, me cogen de la mano y me llevan por un camino lleno de luz. No quiero irme con ellas, pero a medida que voy caminando empiezo a sentir paz, es como si flotara. Me doy la vuelta un momento y veo como me dices adiós con la mano. Me despido de ti y ahora sí grito porque no sé lo que encontraré al final del camino y no sé si volveré a verte, las mujeres me arrastran con cuidado y me dicen que no tenga miedo, que al sitio a dónde vamos se recoge lo que has sembrado. Miro a lo lejos y lo que veo me gusta. No hay oscuridad ni tristeza y la luz lo inunda todo. Escucho el sonido del mar y como las olas rompen en las rocas. El viento mueve mi pelo, vuelvo a tener pelo y mi brazo ya no está hinchado. Soy yo en mi época más feliz. Miro hacia abajo y puedo verte, como si te mirara desde una ventana. <<Lucía>> te llamo y las mujeres me dicen que no puedo interferir en tu vida a no ser que sea imprescindible, pero que eso ya lo aprenderé. Hemos llegado al final del camino,  me dan un pequeño empujón,  entro y me encuentro con montones de copias mías de todas las edades mezcladas con otras personas, hablan entre ellas y se las ve felices.

—Ahora tendrás que reparar lo que hiciste mal. Alguna de esas mujeres hizo algo que no estuvo bien y a otras les hicieron daño y no fueron capaces de olvidar, es el momento de pedir perdón y de perdonar. Cuando lo hagas estarás en paz y tu alma será libre.

La mujer que me dice esto soy yo. La que estaba en la caja hace un momento con los labios pintados y esas joyas que me horrorizan. Miro a las mujeres que fui y sin necesidad de que me digan nada sé que es lo que hizo mal y lo que le dolió a cada una de ellas. Empiezo por mi yo más pequeño y es como si estuviera viendo una foto mía en movimiento, la mujer de las joyas asiente como diciéndome que lo estoy haciendo bien, me entrego a la tarea y ya no tengo miedo.

 

 

 

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8 comentarios en “Recuérdame

  1. Eli dijo:

    Pili me has emocionado… Yo he pensado miles de veces en ir escribiendo en una libreta para cuando mi hijo sea mayor, nunca se sabe… Yo tengo algo escrito de mi madre, poca cosa, pero lo he leído tantas veces que creo que podría decirlo de memoria. Muy duro pero me ha encantado!

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  2. Juana Fernandez Ruiz dijo:

    Que emotivo!! Pilar me gusta muchísimo leerte , pero hoy me llegado a lo más profundo. Es triste pero a la vez tan esperanzador. Realmente me parece un relato precioso.
    Ya sabes…. Besos y gracias muchisimas gracias por hacerme disfrutar tanto.

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  3. yolandachamorro dijo:

    Qué fuerte!, Pilar. Qué descripción más buena de lo que es abandonar este mundo para entrar en el otro. Ayer, mi padre hizo cinco años que nos dejó, y todavía me acuerdo como en un sueño se me despidió.

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